El nudo de la corbata

Chicas, el otro dia fui a ver a mi novio al trabajo. El trabaja en una oficina, en una de las torres espacio. Bueno el caso es que yo venía de compras con unas amigas y de vuelta me pasé a verle. Quería darle una sorpresa. En recepción me hicieron una tarjeta de visita y ya por fin pude subir. En el ascensor, estaba nerviosa, no se, hacía tiempo que no me pasaba la verdad. Al llegar a su planta estaba vacía, iba caminando entre las mesas y comprendía cómo se sentían en la serie walking dead. De repente, buah, el susto que me dio el puñetero al pasar por el comedor que tienen, me había visto y salió en silencio para darme un susto. Abrazándome que todavía estaba sobresaltada me dice – que sorpresa, me hace mucha ilusión que me vengas a ver en el trabajo. A lo que yo le contesto – pues a mi me da miedo. Y nos echamos los dos a reír. El me explica que ya se han ido todos que el se queda por que tiene que preparar la reunión para mañana con un cliente y todavía no ha terminado. Mientras me explica cómo la está preparando me enseña las oficinas, hasta que finalmente me enseña la sala de reuniones. En la cual hay una mesa gigante, rodeada de unas butacas de cuero monísimas y un lateral acristalado con unas vistas de madrid increibles. Allí mientras estamos mirando madrid y riendonos de las tonterias que dice, de repente es como si le pusiese en mute. Me he puesto muy caliente con una idea que no me puedo quitar de mi cabeza, no le oigo y deseo recorrer su cuerpo desnudo, con mi lengua y cubrirla de besos pequeñitos y mordisquitos. Cuando un – ¿me escuchas? – Me devuelve a la realidad, dejándome llevar me acerco a él, abrazándolo – le susurro al oído – te escucho, te veo, pero no te siento. Le miro a los ojos con mi sonrisa mas picara, mientras el no sabe muy bien cómo reaccionar. Con mis dos manos, le empiezo a desabrocharle la corbata, mientras le digo – estas muy tenso, te vendría muy bien un masaje, y sonriendo otra vez le digo – pero no te lo voy a dar. Con la corbata ya quitada, voy bajando mis manos, que cuando encuentran a las suyas, se las pone en la espalda, atandolas con suavidad a la vez que firmeza. Mientras el sin hacer resistencia me dice – siempre he fantaseado con una situación así, a lo que yo le cayó con un beso muy pasional, mientras una mano agarra su nuca con fuerza y la otra acaricia su cara, mientras nuestros lenguas, bailan en nuestras bocas el despacito. Tengo una sensación de poder al tenerle atado que me excita, cada vez mas, asi que sigo bajando y besando su cuello, mientras desabrocho los botones de la camisa. Pudiendo así besar su fuerte pecho desnudo, mientras oigo como su respiración se va acelerando, saco la lengua y juego con sus pezones poniéndolos duros. Haciendo una gran parada en su ombligo y dándome cuenta de que no es lo único que tiene duro. Voy subiendo suavemente y mientras le desató le susurro al oído – atame y follame. El con la corbata en las manos, se abalanzó sobre mis labios con besos y mordiscos. Mientras me ataba las manos a la espalda. Cuando lo consiguió, porque estaba un poco nervioso, siguio besandome mientras una mano tocaba mis pechos, y la otra acariciaba mi clítoris, húmedo, por encima del pantalón. Estaba ya chorreando y deseaba que me penetrara, así que le susurre al oído – follame. El como si hubiese detonado algo en el, me dio la vuelta, poniendo contra la cristalera, me bajó los pantalones y me empezo a comer desde el culo. Yo no podía dejar de mirar por la cristalera por si alguien nos veía, aunque dudaba, si sería capaz de parar a la vez que estaba segura que esa sensación de riesgo me encantaba. De repente oí el sonido de la hebilla del cinturón al desabrocharse y se me escapó un – sí , por favor. Inmediatamente noté como empezó a penetrarme despacito, pero lo más profundo que podía, a lo que ayudaba yo empujando hacia atrás. Mientras con una mano agarraba mis dos manos atadas, por su suave corbata y la otra no paraba de tocarme mis pechos. Era tal el placer que empecé a gemir como nunca había gemido en la vida, el para intentar callarme me puso una mano en la boca. Lo cual me excitaba mas asi que llegue al orgasmo, pero como estaba tan cachonda seguimos mientras yo le mordia la mano para chillar. Mientras el me embestía por detrás como nunca, hasta que llegó él al orgasmo, y tras un pequeño silencio me entró la risa, que le contagie, encontrándonos los dos riéndonos en la sala de reuniones con los pantalones bajados, mientras le digo – no te voy a hacer el nudo de la corbata.

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